Te lo contamos todo sobre la ashwagandha, una de las plantas cuya moda ha crecido exponencialmente en los últimos años en forma de suplemento. Hablaremos de sus supuestas propiedades y beneficios, la seguridad de su consumo, y las dosis correctas.

Como ya sucediese con las semillas de chía, la ashwagandha, procedente de la India y cuyo nombre significa “aroma de caballo” por su peculiar olor, se vende como la panacea para diversos problemas de salud. Hoy analizaremos qué evidencia científica real existe al respecto.

Qué es la ashwagandha

planta Withania somnifera ashwagandha

La ashwagandha es el nombre de la planta Withania somnifera, también conocida como oroval, orval, hierba mora mayor o ginseng indio. Aunque se suele creer que solo se encuentra en la Indica, también es originaria de Pakistán, Oriente Medio y el Norte de África. Incluso en España podemos encontrar ashwagandha en la costa mediterránea, aunque es menos común.

Esta sustancia se usa en la medicina ayurvédica como tónico y adaptógeno, y como potenciador de la fortaleza física y mental, incluso como potencial sustancia antienvejecimiento. Si bien existen múltiples supuestos beneficios, la evidencia científica al respecto es muy escasa.

Beneficios de la ashwagandha

El único beneficio demostrado científicamente es el uso de la ashwagandha para combatir el estrés. El resto, por el momento, no tienen evidencia. Aunque los mencionaremos a título informativo:

  • Reducir el azúcar en sangre: en teoría, su consumo ayudaría a mantener unos correctos niveles de azúcar en sangre, tanto en personas sanas como en aquellos diagnosticados de diabetes.
  • Aumento de la masa muscular: otro de los beneficios publicitados es que, tras la toma habitual durante 2-3 meses de ashwagandha, sería posible mejorar la masa muscular.
  • Mejora de la salud cardíaca: la toma de ashwagandha parece ayudar a reducir los niveles de colesterol LDL o “colesterol malo” y de grasas o trigliceridos.
  • Mejora de las funciones cognitivas: en la medicina ayurvédica se suele usar este compuesto como “regulador del sistema nervioso”, atribuyéndole capacidades de mejora de memoria y atención.
  • Mejoras en la calidad del sueño: una vez más, y en relación a sus funciones antiestrés, el control de la liberación del cortisol u hormona del estrés atribuye a la ashwagandha potencial para evitar el insomnio.
  • Efectos antiinflamatorios: algunos escritos sugieren que tendría propiedades analgésicas y antiinflamatorias, llegando a recomendarlo en pacientes con dolor crónico.
  • Efecto antidepresivo: finalmente, se suele publicitar la ashwagandha como “revitalizante”, y se ha llegado a prescribir como tratamiento en trastornos del estado del ánimo.

suplementos de Ashwagandha

Efecto antiestrés de la ashwagandha

Como mencionábamos al principio, el único efecto que han demostrado los estudios a cargo de la toma de ashwagandha es la mejora del estrés.

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El estudio, publicado en Natural Medicines Comprehensive Database, sugeriría que la toma de 300 mg de extracto de raíz de ashwagandha dos veces al día durante al menos dos meses ayudaría a reducir los síntomas. Esto, a su vez, sí podría dar lugar a efectos antidepresivos y mejora en la calidad del sueño; pero no por la toma del extracto en sí, sino de forma secundaria a la reducción del estrés.

Cómo tomar ashwagandha: dosis y precauciones

Según la evidencia científica actual, la ashwagandha es segura si se toma un máximo de tres meses, y un máximo de 1000 mg por día. Se desconoce la seguridad más allá de los mencionados tres meses, no hay estudios que lo corroboren. En el mercado se suele encontrar en varios formatos, siendo el más común cápsulas / pastillas concentradas, en polvo e incluso en forma de gominola:

Cuando se toma una dosis excesiva, como sucedería con otros suplementos o sustancias, lo más común es sufrir molestias estomacales, diarrea o vómitos.

¿Es segura?

Ashwagandha en polvo

Además, se desaconseja su toma en determinados casos: embarazo, lactancia, diagnóstico de diabetes o diagnóstico de hipertensión arterial. Aunque algunos recomiendan su consumo precisamente en personas con diabetes, se sabe que esta sustancia interacciona con algunos fármacos cuyo objetivo es tratar esta enfermedad.

También se desaconseja su toma en personas con alteración de la hormona tiroidea, úlcera estomacal, o que sufran alguna enfermedad autoinmune como esclerosis múltiple, lupus e incluso artritis reumatoide: la ashwagandha puede provocar una sobreactivación del sistema inmune y aumentar los síntomas, en lugar de reducirlos.

Además, no se recomienda cuando se va a realizar alguna cirugía que requiera anestesia, pues esta planta puede ralentizar el sistema nervioso central y aumentar el efecto de dicha anestesia, con potenciales fatales consecuencias en algunos casos.

Sus interacciones con medicamentos

Para finalizar, y de forma resumida, recordemos que la ashwagandha puede provocar interacciones con otras sustancias. Esto es algo muy común, tanto en el caso de los medicamentos que se usan de forma habitual en una consulta médica como en los suplementos de cualquier tipo, siendo el más conocido y estudiado la famosa hierba de San Juan.

A día de hoy se sabe que la ashwagandha puede interaccionar con los tratamientos para las enfermedades tiroideas (puede aumentar la cantidad de hormona tiroidea por sí misma, aumentando los efectos de la medicación).

Por otro lado, también se sabe que es capaz de reducir los niveles de azúcar en sangre, algo que en combinación con fármacos contra la diabetes podría producir hipoglucemias o reducciones excesivas de azúcar, con fatales consecuencias. Algo similar ocurre con la presión arterial, que puede reducirse también en exceso, sobre todo en combinación con fármacos para tal objetivo.

Así mismo, la ashwagandha puede aumentar la actividad del sistema inmune, sobreactivando enfermedades autoinmunes, o interaccionando con fármacos que buscan precisamente reducir la actividad de este sistema, como es el caso de personas trasplantadas.

Finalmente, la ashwagandha puede causar somnolencia y ralentización del sistema inmune, potenciando el efecto de medicamentos sedantes y ansiolíticos, llegando a causar problemas respiratorios o somnolencia excesiva.

En caso de todas cualquiera de estos medicamentos, se desaconseja totalmente consumir ashwagandha, más si cabe sin control médico. Se trata de un suplemento que aún requiere estudios adicionales, y cuya dosis aún debe establecerse correctamente; no se sabe claramente qué combinaciones pueden realizarse ni que consecuencias puede provocar a corto o medio plazo, sobre todo más allá de los mencionados tres meses de seguridad.

Médico de Familia. Especialista en Ciencias del Deporte, Nutrición Clínica y Nutrición Deportiva por el ICNS Instituto. Divulgo sobre ciencia y medicina en El Español, y sobre salud aquí, en Palabra de Runner. Sigueme en @RobertoMendez (Instagram) o @MedCiencia (Twitter / Facebook).

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