Correr es algo más

A día de hoy sigue siendo amplio el debate sobre cuándo debemos usar frío o cuándo debemos usar calor frente a una lesión muscular, del ámbito que sea, independientemente de si se sufre durante la realización de ejercicio físico o simplemente se debe a una caída casual inesperada.

Si preguntamos al Dr. Google, me sorprende que existen múltiples fuentes (muchas de ellas fiables, en mi opinión) que explican de forma más o menos similar cómo y por qué se usa cada tratamiento. Sin embargo, también me sorprende la falta de fuentes bibliográficas enlazadas para respaldar todas sus afirmaciones. Hoy haremos un repaso fisiológico sobre cómo funciona el frío – crioterapia – y el calor – termoterapia – en las lesiones, pero no olvidaremos asociar un poco de evidencia científica al respecto. Eso sí, que existen un puñado de estudios al respecto no significa tener la verdad absoluta en la mano, pero al menos ayuda.

Cómo funcionan el frío y el calor frente al dolor muscular

A nivel fisiológico, el uso de frío o calor produce una serie de reacciones fisicobioquímicas diferentes, y de ahí la importancia del uso inmediato o diferido de cada tratamiento: el frío suele usarse de forma inmediata tras una lesión o golpe, mientras que el calor suele reservarse para lesiones a largo plazo, aunque en ambos tratamientos existen excepciones.

zapatillas para correr saucony

Tanto el frío como el calor disminuyen el dolor y espasmo muscular mediante la ralentización del metabolismo. Sin embargo, el frío destaca por producir una relajación y una disminución del flujo sanguíneo, asociando una disminución de la inflamación y el edema (líquido a nivel articular o muscular); por su parte, el calor también aumenta la relajación, pero también aumenta el flujo sanguíneo y la curación de la lesión. De hecho, al aumentar el flujo sanguíneo, el calor puede colaborar a aumentar el edema y la inflamación local.

Aquí puedes encontrar bolsas de frío y calor para aplicar en zonas de todo el cuerpo:

Cuándo usar frío en una lesión

Como comentábamos, el uso de frío local (en forma de bolsas de hielo, gel frío o las típicas bolsas de congelados) se recomienda de forma inmediata tras un golpe, esguince o “tirón muscular”, con una aplicación media de un máximo de 20 minutos, y jamás de forma directa: no debemos poner un hielo sobre la lesión, sino usar algún tipo de material que separe la piel el hielo; el uso de hielo de forma directa sobre la piel puede provocar quemaduras. Aunque el pasado año 2008 un estudio puso en duda el beneficio clínico del uso de hielo mediante la revisión de seis estudios, llegando a la conclusión de que, actualmente, falta evidencia científica al respecto.

Por otro lado, un estudio publicado en 2015 en el Journal of Strength and Conditioning Research comparó el uso de frío o calor en 100 individuos 15 minutos después de realizar sentadillas, incluyendo un grupo control que no recibió tratamiento. Según sus conclusiones, ambos tratamientos ayudaban en dicho dolor muscular, pero el frío aplicado de forma inmediata o hasta 24 horas después disminuía más el dolor.

Si nos excedemos en el tiempo de aplicación, a parte del riesgo de quemadura, también podemos colaborar en un aumento de la inflamación por un exceso de vasodilatación local.

Finalmente, existen casos donde está contraindicado el uso de frío local: heridas, sangrados activos, infecciones, piel hipersensible, síndrome de Raynaud o alteraciones vasculares superficiales.

bolsa de frio y calor

¿Cuándo conviene usar calor?

Por su parte, el calor local se suele reservar para lesiones musculares o articulares a largo plazo, ya que este tipo de tratamiento favorece la vasodilatación, aumentando el flujo sanguíneo y el oxígeno a nivel local, algo que no conviene en una lesión reciente pero si en una contractura muscular a largo plazo o en un dolor articular crónico.

Por tanto, el calor local se reservaría para casos de contractura muscular o dolor articular sin golpe previo, como en los casos de artritis o dolores de espalda crónicos por ejemplo. Sin embargo, un estudio publicado en 2010 comparó el uso de antiinflamatorios (ibuprofeno) junto al uso de calor o frío local en pacientes con dolor de cuello y espalda, llegando a la conclusión de que la efectividad de ambos tratamientos era similar.

En este caso el calor local se aplicaría mediante el uso de mantas eléctricas o sacos de semillas adaptados para microondas, evitando las bolsas de agua caliente, ya que dicha agua al enfriarse puede ser contraproducente. De nuevo, jamás se debe exceder los 20 minutos de exposición, ya que también existe riesgo de quemaduras.

Finalmente, existen casos donde está contraindicado el uso de calor local: inflamación o edema local, sangrado activo, infecciones, traumatismos o golpes recientes, hipertensión, cáncer local activo, y alteraciones de la sensibilidad.

Conclusión, ¿frío o calor?

Como conclusión, el resumen sería que el frío se debe usar de forma inmediata tras un golpe o contractura muscular aguda, mientras que el calor se reserva para lesiones crónicas (más de seis semanas) donde no existe inflamación asociada.

Aún así, como hemos comentado, existen excepciones a ambos tratamientos y casos donde, en comparación, ambos tendrían un efecto similar.